
Tradicionalmente, las empresas han utilizado diversos mecanismos de personalización para emitir sus tarjetas financieras, de afiliación o lealtad. Muchos de estos programas se han basado en esquemas de emisión centralizados. Estos esquemas comprendían una serie de procesos internos, que requerían validar distintas informaciones del cliente, a fin de autorizar o no la emisión de una tarjeta.
La tarjeta representa, cada vez más, un instrumento critico que permite al cliente establecer un nexo inmediato con su institución financiera o de servicios, utilizando la misma para realizar transacciones, identificación y/o crear un sentido de pertenencia. Cada día las organizaciones se preocupan más por optimizar procesos y masificar el uso de este tipo de instrumento, como una forma efectiva de fortalecer la relación con sus clientes.
Ante esta clara realidad de negocios y algunas otras variables tecnológicas, operativas y de riesgo, las instituciones han estudiado sus procesos de emisión y han optado por la emisión instantánea de tarjetas en el punto de venta o centro de atención al cliente.
La emisión instantánea en sucursales o agencias, permite a cualquier cliente obtener una tarjeta personalizada de forma inmediata. Además de los beneficios que esto representa para el cliente, existen importantes mejoras desde el punto de vista de la organización a nivel operativo, riesgo, servicio y costos, entre las que podemos destacar:
Tarjetas entregadas en la mano inmediatamente al cliente.
Acceso inmediato a los servicios ofrecidos mediante los canales y redes electrónicos de la institución bancaria.
Eliminación de costos de distribución.
Reducción en el riesgo de pérdidas de información y consecuentes fraudes.
Incremento de la confianza de los clientes en el uso de los canales electrónicos y
Logro de la satisfacción del cliente en recibir un producto personalizado, en forma inmediata.
